Me volvió a pasar

– ¡Che, boluda, me volvió a pasar!
– ¡¿Qué?!
– ¡Otro año que le regalo un montón de guita al gimnasio!
– Ah, bueno… un mes que no fuiste… todo bien.
– ¡¡No!! ¿Qué “un mes”? No voy desde julio, boluda. Eso son… ¡como unos $2.500 mangos! ¡me quiero matar!
– Pero no entiendo por qué no vas…
– Porque es un embole, amiga. Un embole.
– Y entonces, ¿por qué no lo diste de baja?
– Porque voy a ir. Porque TENGO que ir. Estoy hecha una gorda fofa. Me duele todo. Voy a ir.
– Pero, boluda, apurate que ya se viene la época de la malla.
– ¡Es que es un emboleeee! Me estresan esas clases todas punchi punchi para arriba, la música al mango, la respiración que no te da, estás al borde siempre del acv. ¡Y las minas que van, boluda! ¡Hay algunas que no faltan ni indispuestas, las guachas! Tienen un cuerpo de mierda, re masculinas, todas marcadas, las caras desencajadas. Las muy boludas piensan que están en una competencia de musculación, con esos topcitos… ni gomas les quedan.
– ¿Y por qué no vas a una clase más tranqui? No sé, tipo zumba… a vos te gusta bailar.
– Ni en pedo. Me deprimo. Todas las viejas babeándose y congraciándose con el profesor. ¡Es puto, señoras, es puto! ¡Déjenlo en paz! Las viejas hablan fuerte, “estiran” antes de que llegue el tipo, con esos cuerpos redondos de mate y bizcochitos. Se paran sacando el culo, quebrando la espalda. ¡Las muy ridículas se creen bailarinas! ¡Algunas con mallas y vinchas a lo Flashdance! Patético. La clase llena de entusiasmo forzado… al mejor estilo borde de piscina en all-inclusive brasilero. Si veo alguna vieja más haciéndose la sexy con un pasito pedorro de reguetón, creo que vomito ahí mismo.
– Uy, no sé, gorda… andá por lo menos a la cinta en la sala de musculación. Ahí hay tipos. A lo mejor hasta conocés algún chongo….
– ¡¿Qué?! Antes de ir ahí tengo que bajar como unos diez kilos… ¡te mira todo el mundo!
– Pero, boluda, ¡si ahí vas para adelgazar!
– Sí, pero ahí el profe que está en los aparatos me mira con cara de “pobre mina” y me dice “señora”. ¡¡”Señora”!! ¿No ves? ¡Tengo cuerpo como si hubiera parido! Peor… ¡tengo cuerpo de mate con bizcochos como las viejas mueve-mondongo!
– Ah, ya sé. Podés empezar con un yoga o un stretching. Bien tranca. Así te relajás y empezás a sentirte mejor.
– Sí, así me relajo y mando todo a la re puta madre que los parió… Este verano, ¡a la montaña, gorda! Además, ¿por qué tengo que hacerle caso al estereotipo de mina con buen culo, panza chata, atlética… Soy una mina interesante, una intelectual, buena conversación… ¡No soy una mina superficial!
– Es que si no, no te tocan ni con un palo, boluda.
– Otro verano igual: casta, gorda y ¡sin un mango!
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