Desilusión

DESILUSIÓN: f. Acción y efecto de desilusionar o desilusionarse.

DESILUSIONAR: tr. Hacer perder las ilusiones//2 prnl. Perder las ilusiones//3         desengañarse.

DESIMAGINAR: tr. Borrar algo de la imaginación o de la memoria.

DESENGAÑAR: tr. Hacer reconocer el engaño o el error. U t c prnl. // 2 Quitar esperanzas e ilusiones.

A los que nos gusta escribir, tenemos una mente bulliciosa que continuamente está en funcionamiento creando recuerdos y realidades. Estamos acostumbrados a plasmar en una hoja o en una pantalla esas ficciones inventadas (sí, sí: valga la redundancia).

Las decoramos, las recortamos, las acariciamos, las maltratamos. No las dejamos en paz. Hasta que un día, sin nuestro consentimiento (porque nunca lo daríamos), aparecen publicadas en un libro, revista o red social.

Nosotros, arquitectos de historias y sentidos, jugamos con las palabras como bloques de un gran Lego armando y desarmando significados e interpretaciones. Tapamos agujeros semánticos, refaccionamos tramas que se vienen abajo.

Creamos una historia de a poquito. La vamos armando día a día: persona a personaje, frase a afirmación, gesto a intención. Y ahí va quedando armada la torre. Ladrillo a ladrillo. A veces se sostiene fuerte. A veces solo a duras penas.

Y a veces, con algunas historias, llega el día fatídico en el que nosotros, constructores pacientes y empedernidos, debemos, contra nuestra voluntad, destruir esa-nuestra obra. Tenemos que tirarla abajo. Como el lobo de Los Tres Chanchitos, estamos obligados a soplar fuerte y ver cómo cada uno de esos ladrillos (¡huecos!) caen y se desmoronan ruidosamente.

Y después, la nada.

¿Cómo hacerle frente a tamaña desilusión? ¿Cómo destruir aquello que con tanta dedicación se ha construido? ¿Cómo des-escribir una historia que palabra por palabra, gesto a gesto, fue mutando de ficción a “realidad”?

Queda a la vista el artificio. Se descubre el artilugio: era todo un truco. Vergüenza. Quedamos expuestos y en ese instante preciso tomamos conciencia de que solo somos eso: creadores de ficciones. Unos verseros. Unos vende-humo.

Descubrimos también que no existe la realidad. Que solo es cierto el vacío de una hoja en blanco para escribir lo que en realidad no existe.

Los creadores, ahora desnudos, nos sentimos desprotegidos sin las paredes de nuestra historia.

Lo que nació de la necesidad de construir sentido a partir de piezas sueltas debe terminar en el gesto valiente y perturbador de destruir aquello que creamos. Y experimentar, en soledad, el vértigo del despojo y de la pérdida. El desengaño de quedar absolutamente a la intemperie.

Y aún así…

Aún así…

yo seguiré escribiendo.

Porque esta inventora no sabe hacer otra cosa más que crear(se)  y creer(se)  historias

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