¿Por qué escribo?

Hoy comienza un divertido desafío de la mano de Aniko Villalba. En su blog Escribir.me nos propone un taller de escritura de 30 días porque, según parece, para que una actividad se nos haga hábito es necesario hacerla al menos durante 30 días (confieso que no es lo que me sucede con el gimnasio).  La idea es escribir todo de seguido, sin corregir, como una práctica de poner en movimiento la mano y no parar por 30 o 40 minutos.

¡Están todos invitados a participar!

He aquí la consigna del Día 1: Escribí por qué escribís.

Empecemos…

Escribo porque me gusta recordar. Y al ir hilvanando aquellos recuerdos e ideas que se agolpan en mi cabeza, voy de una manera u otra, dándole un poco de coherencia a la historia de mi vida. Me gusta ir conectando con palabras aquellas sensaciones e imágenes sueltas del presente y el pasado. De vez en cuando, agrego algún que otro detalle ficcionalizado cuando la memoria no me hace la pata.

Escribo, aparte, porque no me queda otra que escribir. Leo y me dan ganas después a mí de tomar la palabra. Me dan ganas de interpretar y darle sentido a todo lo que vivo y a todo lo que veo. Me gusta, por decirlo de algún modo, ver las cosas poéticamente, nombrarlas en su “esencia”, dejando que los hechos cotidianos remonten vuelo y se liberen de la mirada acostumbrada que los invisibiliza. Eso suele ocurrir en el mejor de los casos.

Escribo, además, para no sentirme sola. La idea de escribir tiene siempre como finalidad un lector: uno mismo más tarde o, mejor aún, un otro con el que compartir lo escrito. Eso: la escritura es compartir. Es sacar algo de adentro de uno y ponerlo a la vista de otros para que lo tomen, opinen, den su visión, pongan también su palabra. Es como contar historias alrededor de un fogón. Cada uno espera su turno para (qué gran acto de confianza) compartir lo que llevan bien adentro. Es un acto de dar.

Y, por último (por ahora), escribo porque amo el lenguaje. Amo la sonoridad de cada palabra, las sutilezas entre significados, las diferencias y semejanzas. Amo sentir la coincidencia mágica entre lo que uno quiere expresar, eso que tiene en algún lugar entre el pecho y la cabeza, y la palabra o frase que lo viene a materializar. “Eso! Es es exactamente lo que quería decir!”. Escribo para encontrar esas coincidencias. A veces, huidizas,  se nos esconden pero qué alegría cuando se nos dan.

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