Obsesiones

Mi obsesión son, sin dudas, los libros. No puedo parar de leerlos, ordenarlos, adorarlos. Compro uno nuevo casi todas las semanas. Tengo una biblioteca gigante con cientos y cientos de libros. La mayoría leídos por la mitad, otros tantos todavía por leer. Algunos fueron comprados mientras estaba en la facultad, otros son libros que compré porque estaban citados en esos libros y me interesaba leerlos también. Otros fueron nombrados por mis autores favoritos y ya se sabe, “los amigos de mis amigos son mis amigos”.

Este amor nació cuando yo recién empezaba a leer. Creo que mi personalidad se forjó en torno a esta obsesión de meterme en universos lejanos, con personajes entrañables y mundos de fantasía. No me entusiasmaban tanto los juegos fuera de la casa, no me interesaban tampoco los videojuegos que todo el mundo amaba, yo estaba feliz tirada en el sillón o en la cama leyendo.

Leo todo el tiempo: en el colectivo, en el subte, en casa, en la sala de espera de un médico, en un viaje de larga distancia. Esas son las mejores lecturas, cuando estás de viaje. Sabés que tenés kilómetros y fundamentalmente tiempo, tiempo para dedicarle a tu obsesión. Tanto me gusta esto de leer en viaje que, generalmente, cuando me acuerdo de un lugar que visité, recuerdo perfectamente qué libro estaba leyendo ahí. De hecho, los libros influyen sobre mi estado de ánimo y me hacen vivir las cosas de una u otra manera dependiendo qué autor esté leyendo. Por eso me cuido bastante de no elegir un texto complicado para la playa pero sí para una montaña nevada, por ejemplo.

Me gusta entrar en librerías, sea donde sea que esté. Me fascina ver los libros en su lengua original. Me gusta reconocer los nombres de los grandes autores locales que, lejos en Buenos Aires, leo traducidos. Y cuando visito una casa, voy directo a ver qué libros tienen en la biblioteca. Los libros dicen mucho de la persona que vive allí. Qué emoción cuando reconozco un lomo, una tapa, casi que me dan ganas de decirle al libro “!Hola! ¡Pero qué hacés vos por aquí!”

Lo tengo que confesar: a veces me agarran ataques de pánico de solo pensar en que no me va a dar el tiempo para leer todos los libros que quiero leer… ¡para colmo ahora hay en formato libro y formato digital! (prefiero el papel, sin dudas… ¡se trata de una experiencia sensorial, muchachos, no lo pueden negar!). Además aplico la teoría de Austin Kleon del “family tree”. Él dice que cuando te gusta un autor tenés que leer y averiguar todo sobre él, luego conocer qué autores lee y leer al menos tres de esos autores y así sucesivamente. Se va armando el “árbol” con todos tus autores preferidos y los preferidos de tus autores preferidos. Él lo muestra así:

 

family tree
“Climb your own family tree” en Steal Like An Artist de Austin Kleon

Por eso a mí me cuesta tanto entender a esa gente que dice “Tengo ganas de leer pero no sé qué” o los que, al terminar un libro, me piden que les recomiende: “y ahora, con qué sigo?” ¡Con el que te acaba de nombrar/citar/referir el libro que venís de leer!

No es una obsesión de la que me quiero curar, obviamente. La seguiré padeciendo y disfrutando. Fea obsesión que despierta esta sensación de vértigo por algo tan inabarcable que hace más finita mi existencia. Pero puro disfrute porque son los libros los que me hacen viajar, conocer, entender,  compartir… y fundamentalmente, son los que, además, me animan a escribir.

Este texto pertenece al proyecto “30 días de escribirme” propuesto por Aniko Villalba en su blog Escribir.me. Se trata de activar nuestra creatividad a partir de 30 disparadores o consignas cortas de escritura para realizar durante 30 días consecutivos. ¡Están todos invitados a participar!

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2 thoughts on “Obsesiones

  1. No es casual que escribas así. Cada libro que leíste seguramente te brindó las herramientas/palabras/frases/expresiones/sensaciones, etc. necesarias para transmitir todo lo que lográs transmitir…Hay obsesiones de las lindas, yo creo que la tuya es una de ellas…

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    1. Totalmente, Piru!! Todo lo que leo, veo, escucho, toco y hasta huelo me inspira para seguir escribiendo. Ojalá pueda contagiarme un poquito, aunque sea, de esta maestra de las letras!

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