La pesadilla recurrente

Cuando cuento esta pesadilla, muchos me suelen decir que han soñado algo parecido alguna vez, así que parece que es un sueño recurrente y creo entender un poco tal vez por qué.

Estoy buscando a alguien que se me escapa. Una persona a la que quiero mucho o con la que tengo mucha necesidad de hablar. La persona se aleja, le veo generalmente la nuca, y se pierde entre la gente en una avenida céntrica de una ciudad que no reconozco. Quiero alcanzarla, quiero llamarla y gritar su nombre pero la voz no me sale. Abro la boca grande, tomo aire y hago fuerza con mis cuerdas vocales pero no me sale más que un silencio ahogado y seco. Me desespero. No hay forma de que pueda emitir un sonido. La gente alrededor sigue su camino sin percatarse de mi desesperación. Hago fuerza de nuevo. Mi garganta duele, la siento caliente. Me lagrimean los ojos de la desesperación que le pongo a ese grito mudo.

Como la persona ya está lejos, ya está fuera de la vista, me propongo empezar a correr para poder alcanzarla de alguna manera. Calmar mi angustia y explicarle de algún modo que necesito hablar con él / con ella, que me espere, que no se vaya. Hago fuerza con el cuerpo. Desde mis caderas trato de ordenarle a mis piernas que comiencen a moverse pero es imposible. Mis piernas están muertas. Paralizadas allí donde estoy parada. No puedo dar ni un paso. Los pies están como pegados a la vereda y aunque hago todo lo posible por concentrarme y mover mis músculos, mi cuerpo no responde y me veo las piernas allí, como de estatua.

Todo alrededor sigue como si nada y yo soy una escultura de mármol allí fija y congelada. Siento desesperación. Siento impotencia. El otro se me va y yo ahí, sin poder hacer nada. No me quiero entregar a la derrota, no me quiero dar por vencida pero no tengo más fuerzas. Mi cuerpo ya no me responde. Mi cuerpo ya no es mío. Quedé ahí. Hasta acá llego.

La angustia que siento en el sueño es aún más grande cuando despierto sobresaltada, la garganta seca, las manos crispadas. Trato de calmarme diciéndome a mí sima que sólo fue un sueño, pero es imposible sacarme esa angustia, esa sensación de impotencia. El cuerpo, ya en la vigilia, me sigue doliendo.

Cuando dije que sabía por qué se suele soñar eso, no me refería al significado del sueño, sino a esa imposibilidad de mover los miembros o de gritar/hablar. Creo que tiene que ver con estar dormidos, inconscientes, acostados. Entonces nuestro cuerpo no responde porque, aunque en el sueño estamos “despiertos”, el cuerpo no entra en la ficción y sigue inmóvil, “dormido”.

Para una mujer que se ha psicoanalizado durante tantos años como yo, esto del cuerpo dormido y la imposibilidad de moverlo no es una explicación suficiente. Ni siquiera tiene mucho que ver con el contenido del sueño y lo que el sueño me quiere decir (o mejor dicho, con mi interpretación de lo que yo construyo con él). Por supuesto hay miedos, por supuesto hay angustias y abandonos que exceden, por suerte, esta consigna. Por eso, como solía decir mi psicóloga, “hoy, lo dejamos acá”.

Este texto pertenece al proyecto “30 días de escribirme” propuesto por Aniko Villalba en su blog Escribir.me. Se trata de activar nuestra creatividad a partir de 30 disparadores o consignas cortas de escritura para realizar durante 30 días consecutivos. ¡Están todos invitados a participar!

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