La segunda primera vez que lo vi

La consigna de Aniko para hoy decía:

Día 9: escribí acerca de la primera vez que viste a una persona de la que te enamoraste

Mi historia no es acerca de la primera vez que vi a esa persona, sino la primera vez que la vi así, con otros ojos. Esto ocurrió hace muchos muchos años pero, aún así, he cambiado algunos nombres para cuidar a los protagonistas.

Santiago ya no me mira igual. Su novia y mi novio no paran de hablar. Creo que ella está contando su último viaje a Italia y Ariel pregunta sin cesar algo acerca de pasajes, estadías, lugares para visitar.

Santi está sentado frente a mí en la mesa. Por un instante nos miramos en silencio y sonreímos. Está más lindo. ¿O me parece a mí? Está más hombre, más crecido. Su mirada es tierna; su sonrisa, amplia de dientes grandes. No puedo dejar de pensar en el contraste que hace con Ariel, tan diferentes…

Nos quedamos en silencio, así, mientras nuestras parejas hablan. Ella, estudiante de comunicación e hija de una familia de jueces, no para de hacer alarde de sus intercambios y cursos en el exterior. Mi novio está fascinado con tanta verborragia. Estudiante obsesivo de electrónica y amante del italiano, está convencido de que su futuro está en terminar la carrera, casarse conmigo e ir a vivirnos a la bota europea.

No es la primera vez que salimos los cuatro juntos. Ya fuimos a jugar al pool y al bowling varias veces ya. Santiago y yo nos conocemos del trabajo. Los dos recién ingresados al mundo laboral compartimos el día a día en puestos que, seguramente, vamos a dejar cuando avancemos en nuestras carreras. Él estudia ingeniería, yo en este momento estoy en medio de mi carrera en Puán.

Detrás de su copa de vino, Santi me sigue mirando fijo con dos ojos negros profundos. Dios. Cómo no me había dado cuenta hasta ahora que era tan lindo…  Los dos nos reímos, cómplices, no sé de qué chiste mudo compartido. La sangre me hierve en las venas. Los dos estamos solos, aislados de la conversación que transcurre al lado nuestro.

Nos llevamos muy bien. Santi es muy galante, un chico “bien”. Muy familiero, con muchos amigos, ama los autos y la Fórmula 1. De alguna manera me cuida en la empresa donde todo es tan nuevo para los dos. Yo soy una chica más bien hippona, medio guarra para ese ámbito tan ejecutivo. Me gusta hacer chistes picantes frente a los que mi amigo se ríe siempre a carcajadas. Pero después me sugiere dejar esos chistes para cuando estemos solos y no enfrente del representante legal.

Casi somos como dos compañeros de secundario, junto a otros chicos que también recién ingresan en ese mundillo adulto de sueldos, tarjetas de crédito y rutina laboral. Salimos todos los días a almorzar en grupo, nos reímos de los gerentes, nos quejamos de los parciales de la facu y hacemos planes de viajes por el mundo con nuestra recién estrenada solvencia económica.

Pero esta noche, esta noche, mi amigo no me mira igual. Ya no es la mirada juguetona de dos compañeros de oficina. Estos ojos me están diciendo otra cosa y mi repentina vergüenza y revolución interna demuestran que yo sé exactamente lo que me quieren decir. Y sí, Santi, yo también me siento igual.

Ahora parece que la conversación italiana al lado nuestro terminó porque Ariel pidió la cuenta y Flor se paró. Vinimos a un restaurante mexicano muy alegre, en Recoleta. Una esquina que dentro de unos años desaparecerá. Los chicos suelen elegir lindos lugares para salir y si hay algo que disfrutamos con mi novio es salir con amigos a comer y pasarla bien.

Pero esta noche, mientras Santiago levanta sus casi 2 metros de estatura y se pone su campera de cuero, no puedo dejar de quedar hipnotizada por esa nuca bien afeitada que roza el cuello negro de la piel de aviador. Dentro de dos semanas, él separado de su novia y yo viviendo en el sillón en la casa de una amiga, besaré sensual esa nuca perfumada convirtiendo lo prohibido en posibilidad.

Este texto pertenece al proyecto “30 días de escribirme” propuesto por Aniko Villalba en su blog Escribir.me. Se trata de activar nuestra creatividad a partir de 30 disparadores o consignas cortas de escritura para realizar durante 30 días consecutivos. ¡Están todos invitados a participar!

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6 thoughts on “La segunda primera vez que lo vi

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