Como un gran camalotal, lleva la balsa en un loco vaivén

El siguiente texto debe ser leído mientras se escucha, en una pestaña nueva, este tema del grupo Arco Iris, “Adónde irás camalotal”

Hoy leí esta noticia en el diario:

Invasión verde: el día en que el Río de la Plata se pobló de camalotes

Como consecuencia de las crecidas en el Litoral, el fenómeno llegó ayer a la costanera porteña y a localidades del norte del conurbano; entre la vegetación, hallaron diversos insectos

OLIVOS. En el Puerto de esta localidad, los barcos quedaron rodeados de verde

Los camalotes se desprendieron de las zonas ribereñas, se reprodujeron aún más por las condiciones de calor y se ensamblaron para “protegerse”. Así, circularon por los afluentes con  la inevitable compañía de la fauna autóctona: arañas, insectos, víboras, coipos, nutrias y reptiles.

(La Nación miércoles 20 de enero, 2016. Nota completa acá)

La llegada del camalotal, a mí, me hace soñar, qué quieren que les diga… Que un grupo de camalotes llegue a Buenos Aires por la crecida del río Uruguay y el río Paraná despierta miles de historias en mi cabeza. Es la llegada sin aviso de millones de insectos y animales arrancados de su hábitat natural por razones meteorológicas ajenas a ellos. Llegan, después de un largo viaje, a costas que no sé si ellos imaginaron alguna vez. Su trayecto hasta el puerto de Buenos Aires debe haber estado lleno de aventuras. ¿Qué riberas habrán tocado? ¿Qué especies se les habrán unido en este éxodo forzado a la gran ciudad?¿Qué historias traerá cada camalote, cada insecto, cada bicho litoral? ¿Qué les deparará este gran viaje sin retorno?

Muchos no sobrevivirán. Tal vez otros lograrán mezclarse con la fauna del lugar sorprendiéndose con la existencia de otras especies que nunca antes vieron. ¿Qué animales habrán logrado flotar, sobrevivientes de una muerte casi segura sumergidos en las aguas de la crecida? El colchón de camalotes seguramente los resguardó y los trajo en un tránsito rápido y turbulento para llegar a un abrupto final al lado de yates y paredes de concreto.

Pienso inevitablemente en los personajes de Horacio Quiroga, en los de Gustavo Roldán: el yaguareté, el piojo canchero, los sapos, los tucanes… todos envueltos en una aventura real hacia la capital. Compartiendo pasaje en el camalote fluvial, hablando guaraní, tomando tereré, acostumbrados al calor y a la humedad. Asustados, tal vez, por el ruido ensordecedor de los aviones de Aeroparque al llegar a la parada final.

La noticia del diario hace hincapié en la posibilidad, ¡oh pobres porteños!, de encontrar serpientes entre las plantas acuáticas, pero yo no creo que los ciudadanos seamos las víctimas en este encuentro tan particular. Son estas especies, repentinas viajeras contra su voluntad, las verdaderas víctimas de esta revolución ecológica.  Arrancados de sus riberas litoraleñas, nuestros visitantes pueden llegar a terminar tristemente succionados por dragadoras del gobierno de la Ciudad.

Me pregunto, además, y sigo soñando… ¿habrán llegado también objetos humanos entre los camalotes? ¿Alguna ojota mordida, una bombilla, un trasmallo enredado, algún mantel volado de algún pic-nic de Banco Pelay? Hay gente que se preocupa con esta noticia y otros más que responsablemente se ocupan para garantizar el normal funcionamiento de la ciudad. Yo sigo sosteniendo que estas noticias me hacen soñar.

Resultado de imagen para sapo camalote

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