La varonera

La idea de esta consigna era comenzar el texto con “Me acuerdo de…”. Se podía hacer una lista con mini recuerdos o un texto más largo una vez que uno conectara con algún recuerdo , allí perdido en la memoria.
Esto es lo que recordé hoy:

La varonera

 

Me acuerdo de mis amigos en los primeros años de primaria. Yo iba a una escuela que ya no existe más, por las calles Bacacay y Nazca. La mayoría de mis amigos eran varones. Y, como era de esperar, yo jugaba con ellos a la pelota, organizábamos carreras con autitos y armábamos robots con bloques y juguetes viejos. Nunca, nunca, me gustaron las muñecas ni los bebotes. Me parecían aburridos. Recuerdo que solía decir con orgullo “no quiero tener bebés nunca”, “no me interesan las cosas de la casita”…

Con mis dos mejores amigos subíamos a la terraza y nos escondíamos entre las plantas. En las tardes de verano, cuando hacía calor, nos metíamos en la Pelopincho que la mamá armaba. Mi amigo se llamaba Nicolás, tenía siempre rapada la cabeza, decía que quería ser militar porque le gustaban los aviones. Gas, mi otro amigo del cole, iba a trabajar con computadoras porque le gustaban los jueguitos electrónicos. Su papá le había traído de un viaje a EEUU una Comodore que prendía e investigaba diariamente, convencido de que iba a descubrir su funcionamiento interno.

Yo tenía, además, una amiga mujer que se llamaba Tamara. Creo que una de las razones por las que me había hecho amiga de ella era porque amaba su nombre, era la primera vez que escuchaba un nombre así, todo con “a”. Vivía por Villa del Parque, así que no iba tanto a su casa porque quedaba  lejos de la mía. De todas maneras, cuando sí me invitaba, era toda una fiesta para mí. La casa era gigante, tenía un fondo hermoso y su habitación de altas ventanas con alféizar, era el refugio ideal para hojear libros de cuentos y jugar con los Pin y Pons. Tamara era judía y su mamá muy buena cocinera. Así que, cuando me quedaba, me gustaba probar platos de la cocina judía que yo no conocía. Recuerdo que una vez me dio para probar unas bolitas como de gelatina flotando en un jugo del mismo color morado. Me encantaron.

Cuando iba a lo de Tamara me sentía más “nena”, en cambio, con los chicos me sentía una “varonera”. Pero lejos de ofenderme, ese término me encantaba. Me hacía sentir más valiente, más aventurera. Sacando de lado a Tamara, las otras chicas me parecían unas bobas. Siempre le tenían miedo a todo; siempre por alguna razón llorisqueaban. Yo, con mis amigos varones, me sentía re cómoda.

Hasta que un día Nicolás llegó al colegio con un ramo grandote de flores violetas. Yo estaba segura que era para mí. Lo sabía. No sé por qué lo presentía. Y eso en vez de halagarme me mortificaba… yo quería muchísimo a mi amigo pero no quería ser su novia: yo quería ser una más de la pandilla.

Me acuerdo que Nico se acercó a mi mesa en el aula, acompañado por la maestra que venía con una sonrisa de oreja a oreja, seguramente divertida y enternecida con la situación. Mi amigo tenía cara de miedo. Con su cabeza rapada y sus ojitos achinados me miraba con cara seria, lleno de solemnidad. Me acercó el ramo a la cara, me tiró un incómodo, casi inaudible, “estoy enamorado de vos” y yo solo atiné a contestar un “gracias” seco, lleno de bronca e incomodidad. Estaba molesta, ya no podríamos jugar como antes. Nico había puesto una barrera entre nosotros con ese raro gesto galante.

Enojada tiré el ramo dentro de mi mochila pero recuerdo muy bien algo que hice inmediatamente después: con cuidado, saqué una sola flor del ramo y me la enganché en la remera como una escarapela violeta. No recuerdo por qué se me ocurrió hacer eso, pero creo, ahora a la distancia, que quería demostrarle a mi amigo que no despreciaba del todo su regalo. Y que, aunque odiara la sola idea de ser novia de alguien tanto como odiaba las muñecas Barbie, le debía cierta lealtad a mi amigo del alma, compañero entrañable de poliladron y escondidas.

Este texto pertenece al proyecto “30 días de escribirme” propuesto por Aniko Villalba en su blog Escribir.me. Se trata de activar nuestra creatividad a partir de 30 disparadores o consignas cortas de escritura para realizar durante 30 días consecutivos. ¡Están todos invitados a participar!

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2 thoughts on “La varonera

  1. Me da curiosidad saber si pasó algo más con Nico, cuando crecieron… me quedé intrigada. Síntoma de buena escritora: dejar a tus lectores con ganas de más.

    Yo también estoy haciendo las consignas de Aniko.
    Saludos desde una oficina en el microcentro de Baires.

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