Mendoza. Día 1

Estuve unos días de visita por Mendoza, provincia cuyana al oeste de nuestro país, pegadita a la Cordillera de los Andes. La idea era visitar algunas bodegas, hacer las catas correspondientes y adentrarnos un poco en el paisaje natural de la región. Todo eso, sumado al disfrute de la gastronomía mendocina.

Aquí van algunas notas de mi diario de viaje:

♣ ♣ ♣

Martes 2 de febrero:

A la mañana: paseamos por la Ciudad de Mendoza. Una señora nos hizo de guía dándonos todos los datos históricos sobre San Martín, el cruce de los Andes, los habitantes nativos de la región, las acequias y las ruinas jesuíticas. En el grupo del paseo conocimos a una odontóloga y a su mamá que viajaron a Mendoza por una operación de ojos. La clínica del Dr. Zaldívar es muy famosa en la provincia y muy conocida en el país. De hecho, en la ciudad de Mendoza hay muchos centros de ojos y muchos especialistas oftalmólogos; la mayoría, discípulos de Zaldívar. Se ha invertido mucho en la tecnología para curar las distintas afecciones oculares y tanto es así, que a esta señora que nosotros conocimos, le hicieron el estudio prequirúngico a través de una “conference call” con el médico y los aparatos en Mendoza, mientras ellas estaba en Buenos Aires y una lente le “leía” el ojo a distancia.

 

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Fuente de los Continentes en el Parque General San Martín. El parque fue diseñado por Thays (sí, el mismo que diseñó los jardines de Palermo y el Jardín Botánico en Buenos Aires). Los primeros planos fueron presentados en el año 1896 y dentro, entre otras cosas, funciona el Club Regatas.

A la tarde: Conocimos dos bodegas y una fábrica de aceite de oliva y aceto balsámico. En la primera bodega, Cavas de Don Arturo, probamos un malbec, un cabernet sauvignon y un syrah. Nos mostraron los toneles y barricas de roble francés donde añejan los vinos (mínimo, durante seis meses). El que más me gustó fue el cavernet sauvignon, picantito y fuerte. Me encantó. También probamos un aceite de oliva y otro de uva. Este último fue una revelación, de color verdeazulado, denso e insistente en la boca.  La chica que nos recibió en la bodega contó la historia de la familia y de los comienzos de una manera tan amena que daba ganas de escucharla. Ella misma contagiaba el amor que siente por la bodega donde trabaja. Es tan cierto eso de que los objetos/ los productos no son lo importante. Lo que hace que la cosa sea interesante son las historias que se cuentan alrededor de los objetos…

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Toneles de roble francés para añejar el vino en Cava Don Arturo. Estos fueron traídos en barco por el fundador de la bodega, ahora ya están en desuso. Actualmente usan barricas más pequeñas para añejar.

En la fábrica de los aceites de oliva y los acetos Laur, la chica que nos recibió nos contó todo de memoria. Parecía que estaba dando un examen oral y que después le daríamos la nota. Un insuficiente se hubiera sacado si yo tenía que evaluar el entusiasmo con el que contaba la historia del lugar. Sin embargo, el aceto tipo Módena me pareció  muy bueno: espeso, oscuro, dulzón. Cuando vi que había aceitunas negras en la mesa de degustación me abalancé sobre ellas pero, claro, no me parecieron de un sabor muy intenso ya que estaban naturales, no en salmuera. (Nota 1: las aceitunas negras -mi preferidas- son las mismas aceitunas verdes que se dejan madurar por más tiempo en la planta, se las cosecha cuando toman ese color más oscuro. Nota 2: el aceite de oliva es extra virgen cuando fue cosechado de manera manual, sin romper la piel de la aceituna. Si esto ocurre, el contacto de la pulpa con el aire hace que la aceituna se oxide y esto resulta en un aceite con más sabor ácido del que presenta el extra virgen)

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Una semana antes de la cosecha, a las uvas se las exponen a lo que se llama “estrés hídrico”: les cortan el riego para que la uva concentre todos los perfumes y sabores y de esta manera obtener un vino con más cuerpo y aroma. Este verano ha sido muy lluvioso en Mendoza, por lo que la cosecha se va a atrasar notablemente.

La segunda bodega que visitamos, Florio, es un establecimiento donde producen vinos dulces y espumantes. El más conocido, el Gamba di Pernice (se le llama así “pierna de perdíz” ya que las patas de esta ave son de color morado, del mismo color de la uva cuando debe ser cosechada). La chica explicó todo muy rápido y pasamos directo a la degustación. Menos mal que había sillas para sentarnos alrededor de la mesa donde se exhibían los vinos a ser catados porque el vino dulce (y sin un sólido de donde pueda agarrarse) va derechito a la cabeza. La anfitriona nos explicó que para que un vino sea dulce, después de la fermentación y el decantado, se les vuelve a poner el mosto con los azúcares no fermentados (no convertidos todavía en alcohol). Existen tres maneras de “endulzar” el vino: 1) agregándole el mosto en frío, 2) agregando el mosto con calor y 3) agregándole arrope (que es casi como un almíbar hecho con el mosto). El primer método produce un vino menos dulce, el segundo uno intermedio y el tercero produce un vino muy dulce como el oporto o el marsala. 

Algunos datos que anoté sueltos mientras iba en ruta:

  • la cordillera de los Andes está formada (a la altura de Mendoza) por tres cordones: la precordillera, cordillera frontal (Cordón del Plata y cordón del Tigre) y cordillera principal (donde se encuentra el Aconcagua)
  • las parras al ras del suelo producen uvas más dulces; las parras altas, menos dulces
  • el padre de Daniel Vila, Alfredo Luis Vila, construyó un terrible barrio privado cerca del cerro de la Gloria. El nombre del barrio está formado por las iniciales de cada uno de los nombres de sus hijos. (El polémico Barrio Dalvian)
  • San Martín solo libró una batalla en suelo argentino (la de San Lorenzo). En España, había librado unas 30 contra Napoleón.
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Monumento al Ejército de los Andes en el Cerro de la Gloria realizado por el escultor uruguayo Juan Manuel Ferrari. Se puede ver, entre otras cosas, las mulas representadas con los ojos vendados. Les tapaban los ojos para que no vieran el precipicio y siguieran avanzando, sin empacarse por el miedo a la caída. Otro dato de color con respecto a las mulas: San Martín decidió usar mulas y no caballos para el cruce ya que las mulas orinan mientras caminan. De esa manera, no tenían que frenar y se ganaba mucho tiempo. Tácticas estratégicas del General.

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