¡Help! Sobredosis de lectura

¿Alguna vez sintieron la vorágine de estar rodeados de información, atacados por infinidad de mensajes que esperan ser descifrados a cada minuto todos los días ?

Les cuento más o menos lo que me pasa a mí: recibo el diario dos veces por semana y lo guardo para leer las columnas y algún que otro artículo que me interesa. Después, online, busco en otros periódicos dos o tres notas que alguien me sugirió en Facebook o algún texto interesante que un compañero quiere que lea y comente. Por Twitter recibo, en el trascurso de media hora, unos 15 o 20 links de publicaciones que me atraen (tengan en cuenta que sigo a gente de otros países, así que el tema horario no encoge la oferta).

Estoy suscrita (ayúdenme con el participio acá) a varias páginas y a varios blogs. Esto significa que recibo una vez por semana mails con más artículos y más links sobre temas que me apasionan. Generalmente esos links me llevan a otros textos o, en última instancia, me sugieren libros que puedo comprar por Internet.

Hablando de libros y ya corriéndome del mundo virtual, tengo dos pilas de libros para leer en un estante de la biblioteca (separados de los que todavía no leí pero que aguardan en sala de espera). Algunos son urgentes: textos que incluí en los proyectos para leer con mis alumnos en la escuela. Muchos de ellos los combino con artículos periodísticos o textos históricos/explicativos/entrevistas que se relacionan por tema o autor. Estos también a medio leer. La otra pila son textos que quiero leer con ganas y que voy atacando de a poquito, uno por vez, según el tema de turno que me inquieta. Estos libros, el 99, 9% de las veces, me reenvían a la vez a otros textos que busco y almaceno. Y la pila sigue creciendo…

Ni les cuento si alguno de mis alumnos me nombra al azar un libro que está leyendo. Me pica el bichito de la curiosidad y, aunque se trate de libros recomendados por booktubers y tengan una película distópica asociada, me los anoto en una lista. Quiero ver los adolescentes en qué andan con respecto a sus lecturas.

Es complicada la vida del lector.

Hay dos sensaciones con las que tenemos que vernos a diario. La primera es la angustia de saber a ciencia cierta que es imposible abarcarlo (leerlo) todo. Tenemos que enfrentar, los lectores más que cualquier otro tipo de persona,  la absoluta certeza de que la vida es finita. Debemos reconocer, aunque duela,  la enfermiza obsesión de llenar la biblioteca con títulos que sabemos nunca llegaremos a leer.

La otra sensación que debemos combatir es la soledad. El que lee raramente está con otro. Es cierto que puede haber dos o más personas en un mismo ambiente, cada cual con su historia. Pero la lectura no involucra la interacción entre individuos. Por lo menos no en el momento en que se está llevando a cabo.  Mi papá y mi mamá leen juntos los libros; se leen en voz alta el uno al otro pero, además de tratarse de una relación simbiótica en la cual no voy a ahondar -al menos por ahora-, toman meses, diría años, para terminar un libro de unas pocas páginas.

La primera es la que más me preocupa, en realidad. Porque soledad…  soledad sentimos todos y no por culpa de nuestras lecturas. El problema mayor es esa casi compulsión tortuosa a leerlo todo y a sentir que no se llega. Escritores y periodistas siempre escribirán más y más rápido de lo que uno llega a leerlos. Da ganas de gritar : “¡¡Esperen!!! ¡Dejen de publicar! Denme tiempo a terminar al menos este post, este cuento, esta nota.”

Las redes sociales, que hace tiempo dejaron de funcionar para mí -por suerte- como una mera vidriera falsa de lo maravilloso de la vida de mis contactos , se ha convertido en una máquina de disparar artículos para que lea. Links, textos, blogs, noticias lanzados hacia mí cual máquina lanzapelotas que, averiada, dispara pelota tras pelota tras pelota … sin darle tiempo al jugador a siquiera agarrar bien la raqueta. .

Y a esto hay que sumarle, aparte,  que uno también desea escribir. Y sí, el escritor lee sus textos también. O bueno, es lo que pretende.  O si no, decide mandar el texto sin corregir. Pero no es la idea. Aunque mejor sí. Tengo un link que me llama y promete llevarme a una nota en un periódico de Colombia donde publicaron una reseña de aquella periodista que escribió aquel libro que tiene una cita de mi escritor favorito que conocí gracias al blog de ese tipo que habló sobre sus diez novelas leídas en el 2014…

La vida del lector es difícil.

¿Tengo aparte que hacerme de comer?¿Tengo, además, que ordenar la casa que está así desde la semana pasada? ¿Salir a correr para no perder la forma humana? ¿Sacar al perro, lavar el baño, colgar la ropa, ir a cumpleaños, salir a cenar? ¿No será mucho todo?

La “sobredisponibilidad” de información y literatura puede llegar a amedrentar a más de uno. Creo que la clave está en elegir las lecturas y los momentos del día. Este artículo hoy, este cuento a la mañana, esta nota pasado… por eso es tan importante discernir entre un texto que suma y genera preguntas a un twitt de Rial sobre los cuernos del galancito actual.

La vida es una sola. Es corta. Y hay mucha letra para leer. Y si la vorágine informativa te ahoga, yo te aconsejo origami, mandala, el gimnasio o yoga, aunque me dijeron que la meditación también funciona. Hay unos artículos interesantes sobre el tema en Internet.

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