Una vuelta al perro llena de colores

Tener un perro trae muchas responsabilidades. Aparte de comprarle su alimento balanceado, vacunarlo cuando es necesario y mantenerlo sano y limpito hay que  ¡sacarlo a pasear ! 😖

Yo digo que Bruno me saca él a mí a pasear, porque suelo quedarme colgada trabajando en la computadora o limpiando la casa y el pobrecito me da vueltas alrededor con cara de carnero degollado y unos ojos que dicen “Dale, por favor, sacame!”.

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Muchas veces es un esfuerzo enorme el que hago. Fundamentalmente cuando son las 3 de la mañana, acabo de llegar de una cena o una salida y con diez grados bajo cero y con ganas de meterme en la cama, prorrogo un poquitín más meterme al sobre y lo saco a Bru a hacer pis en la vereda. Esto tiene su parte de beneficio: a la mañana siguiente puedo dormir a pata ancha: sé que él no va a aparecer al costado de mi cama despertándome con la patita para que lo saque al baño.

Otras veces, y estas son las más, por suerte, es un placer salir con Bruni. Dar una vuelta por el barrio, que te dé el aire fresco en la cara, pasar por un parque y escuchar los pajaritos (cosa casi milagrosa en Buenos Aires) es super disfrutable. Yo creo que lo disfrutamos los dos por igual (yo hago pis antes de salir, aclaro).

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Los sábados o domingos suelo hacer un paseo más largo a la mañana y me llego hasta el Parque Centenario. Como estoy en plan de bajar algunos kilitos, me viene genial dar algunas vueltas, aunque más no sea una caminata enérgica (para los 21K me falta tiempo y ¡nuevas plantillas!). Para Bruno es una piece of cake, como se dice. Tomamos por la calle Otamendi que es bastante tranquila y vamos viendo las casas y, sobre todo, los murales con los que nos cruzamos por el camino.

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Un tiempito viví en San Telmo y me fascinaba ver la cantidad de murales y paredes con pintadas y grafittis que había por todos lados. Me sentía en medio de una barrio bohemio y artístico. Caballito no es lo mismo en este sentido, claro. Es más comercial, con muchos más edificios modernos. Pero, en este recorrido por Otamendi encontré muchos murales llenos de colores. Algunos son paredones de negocios, como librerías o talleres de marcos. Otros son simplemente medianeras de casonas o edificios.

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Me gusta ver mi barrio con otros ojos, con mirada más atenta, menos “anestesiada”. Se encuentran muchas perlitas. Voy a seguir prestando atención a ver qué otros tesoros encuentro… Los que son de Caballito, ¿conocen algún mural, casona, portón… especial? ¡Avísenme así voy y le saco foto!

Hoy los dejo con este paseo hermoso al sol de la mañana dominguera. ¡Ah! ¡Me olvidaba! Nos acompañaron en el recorrido mi hermana, Lore, y su perro Titito.

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¡Hasta el próximo paseo!

 🐶   🐶   🐶   🐶

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4 thoughts on “Una vuelta al perro llena de colores

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