Series que estuve viendo en Netflix

¡¡Hello hello gente linda!! ¿Cómo andan? Hoy tengo ganas de contarles acerca de algunas series que estoy/estuve viendo y que les recomiendo les echen un vistazo. Las tres que les voy a nombrar son de Netflix así que búsquenlas por allí.

La primera es una serie británica llamada The Black Mirror. No es una serie de hace poquito, creo que el primer episodio lo lanzaron en el 2011. La serie tiene sólo una temporada de 7 capítulos en total. Cada capítulo cuenta una historia unitaria y fue dirigida por un director diferente. Lo que reúne a estos relatos es la reflexión acerca del uso de los nuevos medios de comunicación, redes y tecnología y el análisis de cómo podrían impactar en la vida de las personas en un futuro (no muy lejano).

Sí, pertenece al género de la ciencia ficción (son todas historias futuristas) pero no molestan los efectos especiales (casi no hay) y las historias se centran mucho más en las relaciones humanas y el sentimiento de cada personaje en particular en ese nuevo mundo real/virtual.

Vale la pena verla. Te deja pensando. Es de esas series que te despiertan ganas de conversar sobre cada capítulo con alguien que lo haya visto también. Las series british son de mis preferidas y, si son cortas ¡¡mucho mejor!! No soy muy amante de las múltiples e inacabables temporadas… no sostengo nunca el entusiasmo. Esta: me encantó.

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La segunda serie que les quiero contar es también británica y se llama River. Cuenta la historia de un detective que tiene una característica muy particular de su personalidad que sale a relucir e impacta de manera espectacular en cada uno de los capítulos, en el desenvolvimiento de la historia. No les voy a contar qué es porque estaría haciendo un spoiler horrible.

Son sólo 6 capítulos (así se hace,muchachos!) y,además de algunos casos particulares que debe resolver, hay uno mayor que hilvana cada uno de los capítulos y que se relaciona con su compañera y amiga, la sargento Stevenson. La actuación de Stellan Skarsgård como River es impecable.

Si te gustan las series con un giro psicológico (a mí me encantan!!) mirátela porque te va a tener al borde del sillón durante cada uno de los capítulos. Solo tenés que mirar el primero: ¡¡vas a quedar prendido al instante!! Yo sé lo que te digo…

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La tercera y última serie que comparto hoy es una que ya muchos conocen: Orange is the New Black. Se trata de una serie yankee que se centra en la historia de una chica, Piper Chapman, que, a punto de casarse, ingresa a la cárcel federal de mujeres para cumplir su condena por algunos delitos cometidos en su pasado. Al principio no me gustó tanto: le encontré un humor un poco chabacano / payasesco que no me convencía en absoluto. Es evidente que este juego de pasar del drama al humor y al ridículo está puesto con toda la intención por parte de su autora.

Ya al final de la primera temporada me empezó a interesar más. Los personajes tomaron más profundidad y la historia pasada de la protagonista empezó a tomar forma como así también se complejizó su personalidad. Bien ahí.

Es una gran serie sobre LA MUJER, diría yo (ojo, sobre las mujeres, no para las mujeres). Está buena para reflexionar acerca de estereotipos y prejuicios. Eso me enganchó. Lástima que son como 4 temporadas (por ahora). ¿¿Quién tiene tanto resto??

¿Qué series están viendo actualmente? ¿Cuáles me recomiendan? Aviso: no me gusta la ciencia ficción ni las de época. He dicho. Jaja

Volver a leer

¡Hola gente bella! Hace un tiempo les conté que estaba un poco desconectada de la lectura. Me estaba costando muchísimo trabajo concentrarme y seguir el hilo argumental de una historia o un ensayo… ¿Causas? Muchas. Pero se engloban con una sola palabra: estrés. El maldito estrés que te deja paralizada, medio tembleque de taquicardia e imposibilitada de respirar. Sí, así de exagerado y grave es el asunto del estrés.

Apoyada por todos los costados por profesionales y gente que me quiere mucho (¡y yo a ellos!😍) la cosa se estabilizó pero queda mucho camino por recorrer y por equilibrar (sobre todo esto: equilibrar… parece mentira tratándose de una libriana 😜)

Bueno la cuestión es que volví a leer. ¡¡Sííííí!! ¡Aleluya! Volví a conectarme con las letras escritas. No es que esté esperando cada momento del día para sentarme con mi librito a cuestas. No; cuesta todavía. Me sigo distrayendo como una adolescente frente a un grupo de aspirantes a bañero. Pero de a poco, párrafo a párrafo, voy entrando en el mundo de estos dos libros que les quiero contar acá.

Como toda la vida, no dejo nunca de lado la costumbre de leer más de un libro a la vez. No puedo hacerlo de otra manera. Sepan disculpar… Ninguno de los libros es ficción, tal vez por eso sea más fácil leer varios a la vez. Ambos son de autores norteamericanos: uno está en su versión original, en inglés; el otro, es una traducción al español. Aquí están, estos son:

Neither here Nor there de Bill Bryson.

bill bryson

 

A este autor lo conocí cuando estudiaba inglés en Inglaterra. Me habían recomendado un libro de él que hablaba con mucho humor acerca de la historia y algunos datos curiosos de la lengua inglesa (Mother Tongue). Un libro un poco complejo de leer si no estás super avanzado con el idioma, obviamente, pero muy disfrutable si manejás tanto el inglés como alguna de las otras lenguas con las que el autor lo compara. Felizmente descubrí otros tírulos estando allá y para mi grata sorpresa, se trataba de libros de viajes. Parece que al señor Bryson le gusta viajar mucho y lo que es mejor, le gusta escribir sobre sus viajes. Él es un académico norteamericano que vivió (o sigue viviendo?) en Inglaterra y desde allí va para todos lados y conoce culturas y paisajes diversos. Estando yo en Londres me devoré su Notes From A Small Island. Me daba algunas pistas de qué visitar en la Great Britain mientras estuviera allá (y me duraran los traveller’s checks).

En esta oportunidad, encontré su libro Neither here Nor there en la librería KEL a muy buen precio, así que decidí darle una nueva chance al viejo Bill. Me olvidé de contarles que el tírulo tiene un subtítulo que reza “Travels in Europe“, así que el título completo en español sería algo así como: “Ni aquí ni allá. Viajes por Europa“.

Yo entiendo que este hombre quiera hacer resaltar el humor antes que nada en sus crónicas de viajes pero a diferencia de la Mariela que lo leía a los 24 años, la Mariela de hoy lo encuentra un poquito estereotipador, prejuzgón y quejoso al señor Bryson. Es cierto que muchos de sus pasajes pueden generar sonrisas y hasta carcajadas (más, claro, si uno ha visitado esos lugares de los que él habla) pero me preocupó ver que en algunos momentos generaliza demasiado o llega a conclusiones acabadas acerca de “los italianos”, “los franceses”, “los ingleses”… Me pregunto qué habrán dicho ellos al leerlo.

De todas maneras se disfruta mucho el “viaje”. Las descripciones ayudan a dar la vuelta junto al narrador por lugares hermosos (y otros no tanto) y a encontrarse con todo tipo de gente en cada ciudad europea que toca.

El camino del artista  de Julia Cameron.

el camino

Otra vez me olvidé de poner el subtítulo; el título completo es: El camino del artista. Un método para superar los obstáculos que nos separan de nuestro ser creativo.

Soy una fanática de estos libros de creatividad, pensamiento creativo, productividad y motivación. Sí… suena a autoayuda pero qué sé yo, cuando se habla de “creatividad” la cosa se pone más interesante porque se trata de dar respuestas diferentes a los conflictos que podemos enfrentar todos los días desde la acción. Y no tanto desde la llorosa repetición de mantras como “yo-soy-merecedora-de-la-felicidad-om…” frente al espejo.

Me habían hablado de ese libro hace muchísimo tiempo pero recién ahora lo abro. La autora, Julia Cameron, es una escritora-artista-dramaturga-y algunas cosas más, que empleó un método muy exitoso para destrabar los bloqueos creativos de artistas, pintores, escritores, actores, etc. Se trata de un curso de 12 semanas con distintas lecturas y actividades para ir conectándose cada vez más con el artista que todos llevamos dentro. Y sí, como ustedes ya lo suponían, mucho tiene que ver el artista con ese niño que también llevamos todos adentro (más si estás embarazada -chiste viejo, sorry-).

Recién, recién lo empiezo, así que solo leí la introducción y el primer apartado donde ya tuve que “firmar” un contrato conmigo misma donde prometo seguir las lecturas y hacer las actividades propuestas semanalmente (tendría que haber un libro sobre dietas así…, ¡seguramente hay!). Por ahora me pareció piola lo que dice: me gustó en especial donde propone alimentar continuamente nuestro manantial de imágenes para poder usarlas luego cuando tengamos que poner en acción nuestra creatividad. (O sea: ir a exhibiciones. leer más libros, escuchar nueva música, conocer gente y lugares nuevos para renovar nuestro manantial). Está buena la idea: es evidente que si uno hace todos los días las mismas cosas, va a los mismos lugares, habla con las mismas personas va a ser muy complicado buscar respuestas nuevas a los problemas que hace tiempo venimos tratando de resolver.

Otro de los puntos a favor del método de Julia Cameron es que involucra desde el inicio la escritura. Sí, sí: hay una actividad diaria, durante todas las mañanas, que involucra el escribir. Así que… a mi juego me llamaron. Vamos a ver si no me cansa y logro constancia. ¡Espero seguirlo!

Ahí lo tengo al libro abierto en el capítulo que me toca leer. El título dice “Semana 1: Recuperar la seguridad“. Mmmmhh… ¿qué me deparará esta lectura? Ya lo veremos…

Bueno, estos son los libros que estoy leyendo actualmente. Hay muchos esperando, como siempre, en mi biblioteca pero me gustaría que ustedes me recomienden algunos títulos. Una amiga está ideando algo así como grupos de lectura o lectura conjunta (no sé si es lo mismo).¡Me parece una idea brillante! Esto motiva mucho más la lectura y, creo yo, la enriquece.

¡A ponerse los anteojos se ha dicho! Espero sus recomendaciones. 📖 💖

Encuentro de escritores latinoamericanos: “La guerra y el viaje”

Este pasado martes 3 de mayo tuvo lugar, en el marco de la 42° Feria Internacional del libro en Buenos Aires, el último Encuentro de escritores latinoamericanos. La mesa ese día se congregaba alrededor de la discusión sobre  “la guerra y el viaje”. Y, como no podía ser de otra manera, para allí me dirigí. Continue reading “Encuentro de escritores latinoamericanos: “La guerra y el viaje””

Algunos de crónicas de viajes

Este verano estuve poniéndome al día con algunos de los libros que tenía reservados en mi biblioteca para leer. Por supuesto me faltan unos 348 libros y medio, que siguen en línea, esperando ser leídos. Y, como se imaginarán, la fila crece y crece cada mes gracias a recomendaciones y regalos. Continue reading “Algunos de crónicas de viajes”

Cómo ser un explorador del mundo

Keri Smith es una artista conceptual canadiense, autora de unos cuantos libros sobre creatividad como Destruye este diario, Acaba este libro y Cómo ser un explorador del mundo, entre otros.

Keri está convencida de la potencia que tiene “vagar” por la naturaleza, por el “afuera”, para desprenderse de las pantallas y activar nuestra creatividad.  En sus libros invita siempre al lector a participar, Continue reading “Cómo ser un explorador del mundo”

¡Help! Sobredosis de lectura

¿Alguna vez sintieron la vorágine de estar rodeados de información, atacados por infinidad de mensajes que esperan ser descifrados a cada minuto todos los días ?

Les cuento más o menos lo que me pasa a mí: recibo el diario dos veces por semana y lo guardo para leer las columnas y algún que otro artículo que me interesa. Después, online, busco en otros periódicos dos o tres notas que alguien me sugirió en Facebook o algún texto interesante que un compañero quiere que lea y comente. Por Twitter recibo, en el trascurso de media hora, unos 15 o 20 links de publicaciones que me atraen (tengan en cuenta que sigo a gente de otros países, así que el tema horario no encoge la oferta).

Estoy suscrita (ayúdenme con el participio acá) a varias páginas y a varios blogs. Esto significa que recibo una vez por semana mails con más artículos y más links sobre temas que me apasionan. Generalmente esos links me llevan a otros textos o, en última instancia, me sugieren libros que puedo comprar por Internet.

Hablando de libros y ya corriéndome del mundo virtual, tengo dos pilas de libros para leer en un estante de la biblioteca (separados de los que todavía no leí pero que aguardan en sala de espera). Algunos son urgentes: textos que incluí en los proyectos para leer con mis alumnos en la escuela. Muchos de ellos los combino con artículos periodísticos o textos históricos/explicativos/entrevistas que se relacionan por tema o autor. Estos también a medio leer. La otra pila son textos que quiero leer con ganas y que voy atacando de a poquito, uno por vez, según el tema de turno que me inquieta. Estos libros, el 99, 9% de las veces, me reenvían a la vez a otros textos que busco y almaceno. Y la pila sigue creciendo…

Ni les cuento si alguno de mis alumnos me nombra al azar un libro que está leyendo. Me pica el bichito de la curiosidad y, aunque se trate de libros recomendados por booktubers y tengan una película distópica asociada, me los anoto en una lista. Quiero ver los adolescentes en qué andan con respecto a sus lecturas.

Es complicada la vida del lector.

Hay dos sensaciones con las que tenemos que vernos a diario. La primera es la angustia de saber a ciencia cierta que es imposible abarcarlo (leerlo) todo. Tenemos que enfrentar, los lectores más que cualquier otro tipo de persona,  la absoluta certeza de que la vida es finita. Debemos reconocer, aunque duela,  la enfermiza obsesión de llenar la biblioteca con títulos que sabemos nunca llegaremos a leer.

La otra sensación que debemos combatir es la soledad. El que lee raramente está con otro. Es cierto que puede haber dos o más personas en un mismo ambiente, cada cual con su historia. Pero la lectura no involucra la interacción entre individuos. Por lo menos no en el momento en que se está llevando a cabo.  Mi papá y mi mamá leen juntos los libros; se leen en voz alta el uno al otro pero, además de tratarse de una relación simbiótica en la cual no voy a ahondar -al menos por ahora-, toman meses, diría años, para terminar un libro de unas pocas páginas.

La primera es la que más me preocupa, en realidad. Porque soledad…  soledad sentimos todos y no por culpa de nuestras lecturas. El problema mayor es esa casi compulsión tortuosa a leerlo todo y a sentir que no se llega. Escritores y periodistas siempre escribirán más y más rápido de lo que uno llega a leerlos. Da ganas de gritar : “¡¡Esperen!!! ¡Dejen de publicar! Denme tiempo a terminar al menos este post, este cuento, esta nota.”

Las redes sociales, que hace tiempo dejaron de funcionar para mí -por suerte- como una mera vidriera falsa de lo maravilloso de la vida de mis contactos , se ha convertido en una máquina de disparar artículos para que lea. Links, textos, blogs, noticias lanzados hacia mí cual máquina lanzapelotas que, averiada, dispara pelota tras pelota tras pelota … sin darle tiempo al jugador a siquiera agarrar bien la raqueta. .

Y a esto hay que sumarle, aparte,  que uno también desea escribir. Y sí, el escritor lee sus textos también. O bueno, es lo que pretende.  O si no, decide mandar el texto sin corregir. Pero no es la idea. Aunque mejor sí. Tengo un link que me llama y promete llevarme a una nota en un periódico de Colombia donde publicaron una reseña de aquella periodista que escribió aquel libro que tiene una cita de mi escritor favorito que conocí gracias al blog de ese tipo que habló sobre sus diez novelas leídas en el 2014…

La vida del lector es difícil.

¿Tengo aparte que hacerme de comer?¿Tengo, además, que ordenar la casa que está así desde la semana pasada? ¿Salir a correr para no perder la forma humana? ¿Sacar al perro, lavar el baño, colgar la ropa, ir a cumpleaños, salir a cenar? ¿No será mucho todo?

La “sobredisponibilidad” de información y literatura puede llegar a amedrentar a más de uno. Creo que la clave está en elegir las lecturas y los momentos del día. Este artículo hoy, este cuento a la mañana, esta nota pasado… por eso es tan importante discernir entre un texto que suma y genera preguntas a un twitt de Rial sobre los cuernos del galancito actual.

La vida es una sola. Es corta. Y hay mucha letra para leer. Y si la vorágine informativa te ahoga, yo te aconsejo origami, mandala, el gimnasio o yoga, aunque me dijeron que la meditación también funciona. Hay unos artículos interesantes sobre el tema en Internet.

Cómo leer más (según Austin Kleon)

Austin Kleon es un escritor y artista de Austin, Texas, Estados Unidos. Según su propia definición: “soy un escritor que dibuja. Hago arte con palabras y libros con dibujos.” Acaba de crear un divertido fondo de pantalla para el celular para dejar de distraerse con el Facebook y el Whatsapp y ponerse a leer.

He aquí sus 6 consejos para leer más. ¡A tomar nota!

COMO LEER MAS

 

Su blog está lleno de consejos sobre escritura, proyectos interesantes de arte y fotografía. Propone links todas las semanas acerca de las noticias del ambiente artístico norteamericano. Comparte, además, sus lecturas haciendo sugerencias y opinando sobre nuevas ediciones. Vale la pena darse una vuelta por ahí.

Yo tengo dos de sus libros: Steal like an artist (Roba como un artista) y Show your work! (Muestra tu trabajo!); los dos best seller según el New York Times. Ambos libros están plagados de consejos de cómo inspirarte, activar tu creatividad y mostrar tus proyectos y trabajos al mundo. Muy buenas ideas. Realmente inspiradores, son libros para releer y releer y releer…

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La sal de la Tierra

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La sal de la tierra es un documental de 2014 dirigido por Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado sobre la vida y trayectoria profesional del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado. El documental fue estrenado en el Festival de Cannes 2014, en donde compitió en la categoría Un certain regard y ganó el Premio Especial. También estuvo nominado al Óscar al mejor documental largo de 20143 y ganó el Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el Premio de la Audiencia en el Festival Internacional de Cine de Tromsø y el César a la mejor película documental en 2014.

Hasta acá lo que dice Wikipedia.

Tenía muchas ganas de ver este documental, me lo habían recomendado mucho, pero por una cosa o la otra, siempre lo empezaba a ver y a los 15 minutos tenía que apagarlo. Finalmente, una noche, lo logré: me interné en el mundo de imágenes de Sebastián Salgado. Las fotografías y la historia que ellas cuentan y que el mismo Salgado recuerda con nosotros, los espectadores, me llegaron bien hondo. Allí aparece la humanidad en su más salvaje y pura crueldad. El hombre abierto en dos como un higo maduro, así arrancado con sus tripas a la vista y sus miserias expuestas sin disfraz. Eso es lo que muestra el ojo de Salgado. Y no puede más que llegar a lo más indómito de cada uno de nosotros. Una belleza cruel, al estilo del erotismo de Bataille.

El capítulo final es el desenlace perfecto para volver a empezar y seguir creyendo, aunque ya no haya más nada en qué creer… ¿o sí?

 

Los días del venado de Liliana Bodoc

Descubrí a Liliana Bodoc no hace mucho, cuando me hablaron en la escuela donde trabajo de algunas de sus novelas históricas con las que luego trabajamos. El rastro de la canela y El espejo africano son historias muy amenas que presentan las luchas sociales y la vida privada durante la época del Virreinato del Río de La Plata.

He leído, además, varias entrevistas realizadas a la autora (aquí una en Revista Imaginaria) y vi algunos de sus videos donde cuenta acerca de su proceso de escritura. Es una mujer de hablar pausado, sin grandes efusividades, que hipnotiza al que la escucha cuando habla de sus lecturas, su infancia y sus obsesiones al momento de escribir. Hasta participó en varias charlas Tedx Río de la Plata.

Al año siguiente de haberla descubierto, me volví a encontrar con su literatura en Diciembre súper álbum, una interesante novela de metaficción que mezcla distintos géneros literarios de una manera más que atrapante. Es una historia de amor y de acción con grandes escenas cinematográficas. Me llama la atención que todavía no le hayan propuesto llevar esta historia al cine… Una hermosa historia sobre el amor, los prejuicios y un interesante análisis sobre los procesos creativos.

Hace poco terminé de leer Los días del venado. Es el primer libro de la trilogía La saga de los confines, donde se cuenta la invasión que sufren los habitantes de las Tierras Fértiles en un tiempo que se intuye anterior al nuestro, con pueblos y civilizaciones antiguas. Es muy raro que yo me sienta atraída frente al género maravilloso y mucho menos al de la épica, pero sentía curiosidad ya que se trata de la primera saga que hizo masivamente conocida a la autora y por la que obtuvo muy buenas críticas.

Los días del venado es la historia de una invasión y la antigua guerra entre el Bien y el Mal, con seres mágicos y mitológicos, civilizaciones antiguas y personajes de otros mundos. Como me suele pasar con los relatos épicos, me cuesta mucho enganchar el ritmo y me pierdo un poco con los nombres de los personajes y de los pueblos a los que van llegando y los que van dejando. Sin embargo, hubo algo que me pasó llegando a la mitad de la novela que ayudó a que se hiciera más fluida mi lectura.

Cuando iba leyendo todas las vicisitudes a las que se tenían que enfrentar los protagonistas y las descripciones de los lugares y tradiciones de cada uno de los pueblos, de repente tuve una especie de “insight”. Me di cuenta de que allí había algunas coincidencias: lo que estaba leyendo no era ni más ni menos que la llegada de los españoles a América, en particular, la llegada de Cortés a México. Con algunas diferencias y sin, creo, haber sido la intención explícita de la autora, aquellas aventuras de Dulkancellin, Cucub y los otros, eran una reinterpretación de lo que había leído en La verdadera historia de la conquista de Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, en algunas de las cartas de relación de Hernán Cortés y hasta en algunos pasajes del libro del autor mexicano León-Portilla, Visión de los vencidos, una recopilación de relatos aztecas sobre la conquista de México. Paso a detallar algunas de las coincidencias que encontré:

  • Beleram – Tenochtitlán,
  • Casa de las Estrellas- la pirámide del sol,
  • Zebralkán (o algún otro astrónomo)- Montezuma,
  • la matanza de los pueblos de la estirpe – Tatlelolco,
  • los pastores que traicionan a otros pueblos de las Tierras Fértiles – los tlaxcaltecas
  • la serpiente emplumada en los bajorrelieves de los muros de Beleram – quetzalcōātl
  • las tres naves que llegan con los sideresios – las tres carabelas (no con Cortés, pero sí las de Colón)

Poder hacer un paralelismo con la historia de la conquista de Tenochtitlán me sirvió muchísimo para hacer amena y legible la lectura de Los días del venado. No soy, como dije ya, muy fanática de la fantasía épica. No pude terminar de leer nunca El señor de los anillos y de Harry Potter leí solo el primer libro. Pero relacionar la historia de Bodoc con la verdadera historia de la invasión y conquista de América en el siglo XV me alivió lo suficiente como para poder disfrutar de los personajes entrañables que esta autora creó en esta saga.

Zona de obras de Leila Guerriero

Hay libros que uno busca insistentemente y se nos escabullen, no los logramos alcanzar. Buscamos en librerías viejas, preguntamos a amigos y conseguimos un “está discontinuado”, “ya no se edita más”, “lo presté y nunca me lo devolvieron”, “hace años que no lo veo”. Y si hay algo que motiva la búsqueda de una lectora empedernida como yo, son justamente esas respuestas.

Pero este libro del que les voy a hablar hoy, me buscó a mí. Yo no sabía de su existencia, ni siquiera conocía muy bien quién era su autora. Se me apareció insistentemente en distintos momentos y en distintos lugares. Nombrado por distintas personas que no se conocían entre sí. Son esas coincidencias que hacen que uno diga: ¡basta, ya son muchas señales, te tengo que leer!

Eso es lo que me ocurrió con Zona de obras de Leila Guerreiro. Se presentó a sí mismo en varias oportunidades: en el blog de Aniko, Escribirme, que sigo con devoción; en una conversación mientras comíamos una pizza en el Centro: una profe venía de leerlo y había quedado fascinada; y en una foto de una amiga mía de México: mi amiga posaba feliz con su regalo de navidad en la mano, ¿adivinen cuál era el regalo?

El libro de Leila Guerriero no pudo haber llegado a mi vida en mejor momento. Justo cuando empezaba a armar el blog y justo cuando empiezo a vislumbrar un futuro de escritura de lo que más me gusta: la no-ficción. No quiero decir con esto que nunca voy a escribir ficción, no tengo la menor idea adónde me va a llevar esta pasión mía por la palabra, pero recorriendo los estantes de mi casa, me doy cuenta que mi lecturas rondan siempre la crónica y la no ficción. Nunca hubiese afirmado que me gusta el periodismo, de hecho no soporto ver un noticiero en la televisión. Pero Guerriero, de alguna manera, me desató el nudo de esa supuesta contradicción.

Porque, justamente, Zona de obras habla del proceso de escritura de las crónicas narrativas y el periodismo literario. De viajar, ver, contar. De escuchar, respetar, saber esperar para contar la historia que otro nos confía. Habla del proceso y los recursos. Y define también lo que no es una crónica: un mero texto informativo centrado solo en el qué pasó con pretensiones objetivas. Guerriero habla de la crónica como forma artística que cuenta historias reales valiéndose de los recursos literarios que se utilizan en la ficción. No diferencia al periodista del escritor. Sí dice que hay periodistas malos y periodistas que escriben muy bien, como así también autores de ficción que lo hacen maravillosamente bien como horriblemente mal.

“yo no creo en las crónicas interesadas en el qué pero desentendidas del cómo. No creo en las crónicas cuyo lenguaje no abreve en la poesía, en el cine, en la música, en las novelas… porque no creo en crónicas que no tengan fe en lo que son: una forma de arte”

Este libro lo leí, mejor dicho “me lo comí”, durante el fin de semana largo de año nuevo en Valeria del mar. Fue imposible dejar de leer durante esos cuatro días. Un placer absoluto entre pan dulce, playa y cañitas voladoras. Sus 30 capítulos son la transcripción de sus conferencias, artículos publicados en revistas, palabras preliminares o prólogos a otros libros. Imperdibles todos. Hago sí una mención especial para el texto “¿Esto es África?” que me emocionó hasta las lágrimas pero voy a dejar que descubran ustedes solos el porqué.

Son tantas las citas que subrayé y tantos caminos de lectura señalados que marqué: libros, revistas y autores que nombra repetidamente (algunos que yo ya conocía, otros que ya están agregados a mi lista por leer): Martín Caparrós, Revista Gatopardo, Revista El Malpensante, Tomas Eloy Martínez, Rodolfo Walsh, Juan Pablo Meneses y tantos, tantos otros que tengo que empezar a investigar.

Esta es una de las cosas que más me gusta de un buen libro: cuando se abre como abanico para señalarte otras lecturas, otros autores, influencias, guiños. Amo los libros que motivan a seguir buscando, a seguir investigando. Este libro es para mí como un faro. Algo me está señalando. Sin duda ya estoy metida en esta aventura para encontrar ese algo, brújula literaria en mano.

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Les dejo la última entrevista publicada en La Nación a Leila Guerriero.